Los terremotos y las erupciones volcánicas vuelven a ocupar este año los titulares internacionales. En lo que llevamos de 2026, diferentes regiones del mundo han sufrido fuertes movimientos sísmicos y episodios de actividad volcánica que han obligado a activar sistemas de emergencia, evacuar comunidades y movilizar equipos de respuesta inmediata.
Pero estos fenómenos no son únicamente una realidad lejana. España también está expuesta a determinados riesgos sísmicos, volcánicos e incluso tsunamis. Por eso, más allá de conocer lo que ocurre en otros lugares, estas emergencias nos recuerdan una cuestión fundamental: Estar preparados antes de que ocurra una catástrofe puede marcar la diferencia cuando cada segundo cuenta, y nuestra vida depende de ello.
Un 2026 marcado por la actividad sísmica y volcánica
Durante los primeros meses de 2026 se han registrado terremotos de elevada magnitud en diferentes puntos del planeta (12 terremotos superiores a 7 grados de magnitud). Entre ellos, destacan los ocurridos en Indonesia, Japón, Filipinas, México, Colombia y Venezuela, además de otros movimientos sísmicos que han provocado daños y afectado a comunidades locales, y algunos en zonas más despobladas que han reducido sus consecuencias humanas y materiales.
Uno de los episodios más graves para la región latinoamericana tuvo lugar el 24 de junio en Venezuela, donde dos fuertes terremotos, superiores a 7, sacudieron el país y provocaron una emergencia que requirió la movilización de equipos de búsqueda, rescate y atención sanitaria.
En agosto otro terremoto de magnitud 7.4 afectó a Colombia, mientras otros grandes movimientos sísmicos se han registrado en diferentes zonas del Pacífico. La sucesión de estos episodios vuelve a poner de manifiesto que los terremotos forman parte de una realidad global y que sus consecuencias dependen no solo de la magnitud del fenómeno, sino también de la vulnerabilidad de las comunidades, la calidad de las infraestructuras y la capacidad de respuesta existente.
La actividad volcánica también ha sido protagonista. En Guatemala, el volcán de Fuego registró a comienzos de agosto una nueva fase eruptiva que se prolongó durante unas 50 horas, con corrientes de densidad piroclástica, caída de ceniza y acumulación de materiales volcánicos. Aunque la fase eruptiva comenzó el 5 de agosto y ha ido disminuyendo con el paso de las semanas, las autoridades mantienen la vigilancia ante riesgos como los lahares y la dispersión de cenizas.
Todos estos acontecimientos tienen algo en común: una emergencia natural puede evolucionar rápidamente y poner a prueba la capacidad de respuesta de las comunidades y de los servicios de emergencia en cuestión de minutos y horas.
Y en España, ¿podría ocurrir?
Cuando pensamos en terremotos, tsunamis o volcanes solemos asociarlos a lugares como Japón, Indonesia, Centroamérica o el Pacífico. Sin embargo, España tampoco está libre de estos riesgos.
La península ibérica presenta una actividad sísmica relevante, especialmente en determinadas zonas del sur y el sureste. Según Protección Civil, en la península se registran anualmente entre 1.200 y 1.400 terremotos, aunque la mayoría son de baja magnitud y no llegan a ser percibidos por la población. En agosto de 2026 hemos tenido diferentes sismos de cierta intensidad en la ciudad de Granada que, aunque no han causado victimas mortales ni heridos de gravedad, si está generando una gran inquietud entre la población, además de numerosos daños en algunas viviendas e infraestructuras de la ciudad.
También es importante resaltar el peligro de que un tsunami afecte a las provincias costeras de Andalucía, especialmente en el golfo de Cádiz, donde ya han ocurrido episodios similares en el pasado. Por eso BUSF y el Ayuntamiento de Huelva pusieron en marcha el Plan Tsunami, que trata de concienciar, capacitar y proteger a la población onubense ante un tsunami.
España no es una de las zonas del mundo con mayor ocurrencia de grandes terremotos, pero existen precedentes históricos de movimientos capaces de provocar daños importantes. Las Islas Canarias presentan, además, una realidad particular. El archipiélago tiene actividad sísmica y volcánica, y cuenta con una red específica de vigilancia para detectar cambios en la actividad sísmica, la deformación del terreno y otros indicadores relacionados con el comportamiento volcánico.
De hecho, durante julio de 2026 el Instituto Geográfico Nacional localizó 724 terremotos en el entorno de Canarias, 611 de ellos en la zona central de Tenerife, dentro del complejo de Las Cañadas del Teide. La magnitud máxima registrada fue de 3.5. Estos datos no significan que exista una erupción inminente, pero sí muestran que la vigilancia y el conocimiento del territorio son herramientas esenciales para gestionar el riesgo.
La cuestión, por tanto, no es preguntarnos si un desastre natural puede ocurrir, sino qué podemos hacer para estar mejor preparados y protegidos si un episodio como estos vuelve a suceder en los próximos meses o años.
La prevención empieza antes de la emergencia
En un terremoto no existe actualmente ningún método que permita predecir con precisión cuándo, dónde y con qué magnitud se producirá el siguiente movimiento sísmico. Por eso, la preparación previa resulta especialmente importante.
Conocer los riesgos de nuestro entorno, identificar las rutas de evacuación, establecer puntos de encuentro y preparar una mochila de emergencia son medidas sencillas que pueden facilitar la actuación durante una situación crítica.
En caso de terremoto, las recomendaciones de Protección Civil incluyen mantener la calma, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer, protegerse frente a posibles desprendimientos y seguir siempre las indicaciones de los servicios de emergencia. Si el terremoto nos sorprende en el exterior, es importante alejarnos de edificios, muros, postes y otros elementos que puedan desprenderse.
En las zonas expuestas a riesgo volcánico, la preparación también pasa por conocer previamente las rutas de evacuación, los puntos de reunión y los sistemas de alerta establecidos por las autoridades. Ante una emergencia, seguir únicamente la información oficial y respetar las órdenes de evacuación puede evitar situaciones de peligro.
La prevención no elimina el riesgo, pero sí puede reducir sus consecuencias.
Venezuela: la respuesta de BUSF ante el terremoto
La emergencia de Venezuela ha sido uno de los ejemplos más recientes del trabajo de BUSF ante una catástrofe sísmica.
Tras los fuertes terremotos registrados el 24 de junio, BUSF activó su protocolo de respuesta internacional y desplazó un equipo para colaborar con las autoridades y los servicios de emergencia sobre el terreno. El objetivo fue contribuir a las labores de búsqueda, rescate y atención a las personas afectadas durante los primeros momentos de la emergencia.
La intervención volvió a demostrar la importancia de contar con profesionales especializados y preparados para actuar en escenarios de alta complejidad. En una emergencia sísmica, los primeros momentos son fundamentales: localizar a posibles supervivientes, evaluar estructuras, prestar atención sanitaria y garantizar la coordinación entre los diferentes equipos puede salvar vidas.
Pero la respuesta no termina cuando finalizan las labores de rescate. Tras una catástrofe comienza una segunda etapa marcada por la recuperación de las comunidades, la rehabilitación de infraestructuras y el fortalecimiento de las capacidades locales para afrontar futuras emergencias.
Guatemala: preparación y capacidad de respuesta ante el riesgo volcánico
Guatemala es otro ejemplo de la importancia de estar preparados frente a los fenómenos naturales.
El país cuenta con varios volcanes activos y con sistemas especializados de vigilancia y respuesta. El volcán de Fuego, que volvió a registrar una fase eruptiva en agosto de 2026, ya había protagonizado una de las emergencias volcánicas más graves de la región en 2018. En aquella ocasión, BUSF Guatemala participó en las labores de evacuación y evaluación de necesidades, mientras que posteriormente un equipo de BUSF España se desplazó para apoyar a las comunidades afectadas mediante una planta potabilizadora destinada a garantizar el acceso a agua segura.
La experiencia acumulada en emergencias como esta es precisamente la que permite reforzar las capacidades de respuesta antes de que vuelva a producirse una catástrofe.
Actualmente, BUSF España continúa trabajando en Guatemala en el marco de un proyecto de cooperación iniciado en 2026 para fortalecer el sistema de prevención y respuesta ante emergencias e incendios urbanos en el área metropolitana de Ciudad de Guatemala. El proyecto incluye formación especializada, prácticas y maniobras, así como la dotación de equipamiento para instituciones locales de primera respuesta.
Este tipo de iniciativas forman parte de una misma idea: no basta con intervenir cuando ocurre una emergencia. También es necesario preparar a quienes tendrán que responder a ella.
Una red preparada para responder
La capacidad de BUSF para actuar ante terremotos, erupciones volcánicas y otras catástrofes se apoya en un modelo que combina respuesta internacional, formación y fortalecimiento de las capacidades locales.
A través de nuestro Grupo de Intervención de Catástrofes, contamos con unidades especializadas de búsqueda y rescate, atención médica, potabilización y saneamiento, logística y drones de emergencia. Estas capacidades nos permiten adaptar la intervención a las necesidades concretas de cada emergencia.
A ello se suma la Red Iberoamericana, formada por centros de respuesta y equipos locales que conocen el territorio, trabajan de manera coordinada con las instituciones de cada país y pueden ofrecer una primera respuesta rápida ante una catástrofe.
La preparación local es especialmente importante. Cuando una emergencia ocurre, disponer de profesionales formados, equipamiento adecuado y protocolos previamente establecidos permite actuar desde los primeros momentos, mientras se movilizan otros recursos si son necesarios.
Prepararse hoy para responder mañana
Los terremotos y las erupciones volcánicas forman parte de la dinámica natural de nuestro planeta. No podemos evitar que ocurran, pero sí podemos trabajar para reducir su impacto.
Los acontecimientos de 2026 nos recuerdan que ningún país o zona geográfica está completamente al margen de los riesgos naturales. También en España existen zonas expuestas a terremotos y actividad volcánica, y por eso la prevención debe formar parte de nuestra cultura de seguridad desde la infancia.
Conocer los riesgos, seguir las recomendaciones de las autoridades, preparar a los equipos de emergencia y fortalecer las capacidades de las comunidades son pasos esenciales para construir sociedades más seguras y resilientes.
En BUSF trabajamos para que, cuando llegue una emergencia, haya personas preparadas para responder. Porque frente a una catástrofe, la preparación empieza mucho antes de que llegue el desastre.
¡Unidos por la prevención! ¡Unidos por un mundo más seguro y resiliente!

